sábado, 14 de noviembre de 2015

Machu Picchu: recorriendo la montaña vieja

Recuerdo que desde pequeña tuve el sueño de conocer Machu Picchu y muchas veces mi mamá y yo lo hablábamos como una meta lejana a la que íbamos a llegar juntas. Años después, casi a los dos meses de haber llegado a Cusco, llegó a visitarme para finalmente cumplir el sueño. 






























Se quedó unos días en el pequeño apartamento que compartíamos los voluntarios de Giordano Liva y juntas recorrimos la ciudad de día y de noche, visitamos el Coricancha y el Palacio Arzobispal, comimos delicias, etc.; pero desde antes de viajar me dejó muy claro que la planificación del viaje a Machu Picchu era responsabilidad mía. Lo diseñé con una increíble precisión de manera que todo saliera a la perfección, así que tomen nota los que están en esa tarea.

Vista del Pinkuylluna
Salimos muy temprano desde el centro de Cusco en uno de esos buses que hacen turismo exprés por el Valle Sagrado. Aclaro que no es lo más recomendable, pero como el tiempo era apretado hicimos una maniobra de la que me siento orgullosa: tomamos el tour hasta Ollantaytambo -la única ciudad inca que permanece habitada- y desde allí seguimos por nuestra cuenta. Antes de separarnos del grupo pasamos por Pisac, donde tuvimos los 30 minutos reglamentarios de estos recorridos tan desalmados que lo ponen a uno a correr entre ruina y ruina como si la grandeza no mereciera un buen rato de admiración.

En el viaje conversamos mucho con un grupo de españoles que iba en el mismo bus y de ellos nos despedimos mientras recibíamos el sol, escuchábamos el viento y mirábamos el rostro de piedra que se dibuja en la montaña Pinkuylluna, justo al lado de lo que fueran los depósitos agrícolas de la zona que conservaban una temperatura fría y fresca todo el año. 

Ellos seguían la rutina cronometrada y nosotras seguimos nuestro ritmo; disfrutamos de Ollantaytambo, sus imponentes construcciones de piedra, el riachuelo que las atraviesa, el mercado artesanal y pequeñas calles empedradas. El tren a Aguascalientes salió como a las 19:00 y allá llegamos ilusamente a comprar los boletos de entrada a Machu Picchu, pero resulta que la oficina ya habían cerrado y teníamos que comprarlos al otro día. ¡Pero al otro día queríamos tomar el bus de 05:30 para alcanzar a subir a Huayna Picchu!

Ruinas cediendo
No cundió el pánico (o eso pensaba yo). Madrugamos, yo me fui a hacer la cola y mi mamá a comprar los boletos porque los vendían desde las 05:00, y alcanzamos a tomar uno de los primeros buses. 

Apenas llegamos nos inscribimos en la lista de los que subirían a las 10:00 el Huayna, esa montaña que se ve al fondo de todas las fotos panorámicas y cuyo ascenso es hermoso y, para nosotras, fue más gratificante que cualquier otro esfuerzo realizado en el día. Contratamos un guía junto con una turista alemana y otro turista solitario y muy sonriente, para hacer un recorrido muy completo en el tiempo que teníamos libre, que por cierto era muy lluvioso y frío. Él nos explicó sobre la historia de las ruinas, sus mitos y leyendas, el daño que el turismo masivo está causando en las construcciones y nos llevó a recovecos que jamás hubiéramos entendido yendo por nuestra cuenta. Luego de una hora se despidió, nos separamos del grupo y seguimos el paseo.  

Desde temprano introduje a mamá en el arte de pijchar coca (yo apenas estaba aprendiendo), que consiste en masticar suavemente un montoncito de hojas secas en uno de los cachetes, mientras la saliva va extrayendo sus maravillosas propiedades. Tiempo después me confesó que ella pasó en vela la noche que dormimos en Aguascalientes porque yo iba con toda la intención de subir al Huayna Picchu y a ella la idea le sonaba descabellada, pero esta planta sagrada nos llenó de fuerza y hasta la cumbre llegamos con paso lento, firme, amoroso y seguro. En el camino nos encontramos con nuestros amigos españoles, que antes de llegar a la cima tuvieron que bajar corriendo porque las agujas del reloj corrían y el bus esperaba furioso por ellos. 

Vista de Machu Picchu desde el Huayna Picchu (foto: mamá)
Curiosamente, después de la madrugada oscura y fría que nos había tocado, el cielo se comenzó a abrir durante la subida y se mostró completamente despejado cuando llegamos. 

Una vez arriba (después de una hora aprox.) disfrutamos tranquilas y tuvimos tiempo de agradecer, abrazarnos, tomar fotos, contemplar un paisaje conmovedor y encontrar en el silencio la calma que cualquier alma requiere luego de llegar hasta aquí. Emprendimos con algo de nervios la “dura” tarea de bajar, que según lo que nos habían dicho era más difícil que subir, pero para nosotras no fue así. Por el contrario, la hicimos alegres y devolviendo a lxs caminantes las palabras de ánimo y las manos de ayuda que recibimos en el ascenso. 

De regreso en la Montaña Vieja yo todavía tenía energía para seguir dando vueltas y vueltas, tomando fotos y fotos, escuchando al viento y descubriendo animales, así que Mamá me esperó descansando en uno de los asientos naturales que han sostenido el peso de siglos. Cerca de las 15:00 estábamos nuevamente en Aguascalientes, pidiendo un plato gigante de comida porque allá no se puede ingresar nada de nada, y conversando sobre lo increíble que acababa de ser nuestro día. Tomamos el tren de regreso a Ollantaytambo, luego una buseta a Cusco y llegamos justo a tiempo para meternos a la cama y dejarnos arrullar por el frío de la ciudad y la melodía de nuestros recuerdos. 

Mamá en Ollantaytambo

Ventanas sin fin...

Lagartija de Machu Picchu


Otros sitios arqueológicos que he visitado:






3 comentarios:

  1. El viaje maravilloso y la precisión con que fue planeado resultó muy exitoso; faltó mencionar algo que me maravillo y conmovió tanto como conocer Machu Picchu y escalar hasta la cumbre del Huaina Picchu y fue al regreso en una Van de Ollantaytambo a Cusco que Cami me dice : Ma...mira el cielo ... Dios mio, nunca había visto tantas estrellas y fui descubriendo las constelaciones perfectamente dibujadas en el firmamento, me cuesta describir ese momento.

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    1. ¡Es verdad! Había olvidado ese regreso tan lindo... :)

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  2. Machu Picchu es un lugar increible, pero para verlo en todo su esplendor es recomendable hacer el inca trail es una experiencai inolvidable :)

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