jueves, 12 de junio de 2014

Rhiannon, la permacultura y la fabulosa historia de las rosas


En estos días mucha gente me ha preguntado qué es la permacultura y me han mirado con cara de desconcierto e intriga, cuando les cuento que mi bronceado rojizo se debe a que estuve en un taller de introducción a esa filosofía de vida el fin de semana. También hay varios a los que se les iluminan los ojos y me atienden como si les fuera a contar un cuento… Y es que para mí esos dos días en la Comuna Rhiannon si que fueron como un cuentico. 


Varias razones, pero comencemos por el principio. Luego de llevar varios meses en una rutina muy urbana de trabajo con horarios de oficina, pegada al computador gran parte del día, apagando incendios gran parte del tiempo y, para mi fortuna, compartiendo el espacio con gente hermosa que está en las mismas, me llegó una invitación de un gran amigo para participar en su curso de Introducción a la Permacultura. Primero, que desde hace rato que sembrar y entender más sobre los ciclos de la tierra me atrae; segundo, que el lugar se veía tan alucinante que era el motivo perfecto para estar rodeada de verde y darme un baño de situaciones más reveladoras, más reales; y tercero, que el maestro es realmente un maestro, aunque en ese momento no sabía bien cuánto.  

Tipis en Rhiannon
Así que leí la descripción del curso, me antojé con las fotos de unos tipis en medio de un terreno inmenso, visité la página de la Comuna para informarme mejor y me apunté de una. Madrugué el sábado (con lo que me gusta disfrutar de mis cobijas los fines de semana…), me encontré con otras dos mujeres y nos fuimos juntas hacia Malchinguí. 

Llegamos un poco tarde (luego de la típica perdida que nunca falta en estos viajes) y nos recibió Feli con su buena onda y unas cuantas personas sonrientes y tranquilas que esperaban en la sala de la casa. Entre ellas Helen (una de las fundadoras del proyecto) y Satia su hija (muy rubia, muy chiquita, muy inglesa y muy hermosa), que le da el toque pícaro a las dinámicas de esta comunidad de valientes. Nos habló un poco sobre la historia y la filosofía del lugar, hicimos un recorrido por los sitios principales y nos dio la bienvenida a la Comuna y al Taller. 

Parte I: conocernos, mediante una técnica muy interesante que inmediatamente rompió cualquier timidez (por lo menos mía).

Parte II: entendernos y ubicarnos en los diferentes momentos que tiene la vida y el taller, porque el taller te lleva a entender la vida y viceversa. 

Parte III: vivir el sueño; es decir, encontrar un objetivo común a alcanzar en esos días, definir ciertas reglas grupales y escuchar sobre los fascinantes inicios de la permacultura y sus principios éticos: cuidar la tierra, cuidar a la gente y compartir con equidad. Porque si se siguen estos principios, ¿qué puede salir mal? Realmente nada, pero parece que en masa todavía somos muy testarudos para entenderlo. 

Y bueno, resultó ser que el precursor de este movimiento fue Masanobu Fukuoka, un japonés del que escuché por primera vez en el capítulo IV de la serie Arjuna, y que finalmente en esos días llegué a entender bien. Luego lo siguieron los australianos Bill Mollison y David Holmgren y actualmente es un movimiento social que busca la resiliencia a través de la sostenibilidad de los asentamientos humanos, tomando como base estos supuestos fundamentales:

- El ser humano EN la naturaleza (lo que es muy diferente a decir sobre, encima o a un lado).
- Los combustibles fósiles han hecho posible al mundo como lo conocemos. 
- El cambio global alcanza y alcanzará dimensiones que todavía son desconocidas. 
- La biodiversidad del planeta ESTÁ amenazada. 
- Inevitablemente, vamos a tener que enfrentar un descenso energético. 

Después de este bloque teórico vino la hora de almuerzo. En Rhiannon se turnan en grupos para cocinar y la un 20% de los ingredientes vienen de lo que ellos cultivan. En este caso, prepararon fríjoles, arroz y una ensalada fresca deliciosa, aunque bastante diferente a todo lo que había probado cuando me llegó la hora de morder una variedad de lechuga picantísima. De postre: ir a la tienda de la casa donde uno puede tomar lo que quiera y anotarlo en una hoja para luego hacer cuentas a la salida. Yo escogí un chocolate de coco, vegano y delicioso, acompañado con un tinto cargado. 

La casa hobbit
En la tarde la clase fue afuera y comenzó en la zona de yoga, donde han construido unas plataformas de madera que permiten practicar mientras se tiene una vista privilegiada de las montañas. Allí vimos temas de diseño permacultural, patrones naturales y la flor de la permacultura. Después recorrimos parte del terreno, vimos algunas construcciones que parecían de un mundito paralelo, visitamos el huerto, conocimos a fondo el funcionamiento de los baños (cuyo manejo de desechos permite que TODO sea reutilizado para algo) y visitamos la bicilavadora, que mediante una adaptación de los pedales al motor de la máquina permite lavar la ropa sin utilizar otra energía que no sea la del cuerpo. 

En esto se nos fue la luz, descansamos un rato, disfrutamos de una cena deliciosa (sopa de verduras acompañada del pan de la casa y torta de banano de postre) y, para finalizar el día, la parte que menos me gustó del curso: ver una parte del documental de cuatro partes “La fabulosa historia de la caca”. Ajap, feo nombre, así que apenas comienzan las imágenes el narrador decide cambiar esta última palabra por “rosas” para no ofender a los oídos sensibles y sigue contando una cantidad de situaciones impresionantes de cómo la cuestión en cuestión ha sido utilizada a lo largo de los años en las más diversas situaciones, incluyendo millonarias obras de arte. Yo me salí después de unos 15 minutos y volví al final. 

La mañana
Y como en la Comuna hay poca electricidad y todo el mundo trabaja duro durante el día, casi siempre van a la cama temprano. Llegó la noche y suertudas nosotras, dormimos en un tipi bajo el cielo estrellado y la lluvia de la madrudaga. Increíble experiencia… cantos de naturaleza toda la noche y un amanecer precioso. 

Esa mañana nos encontramos muy temprano, tomamos guayusa y, los que nos acordamos, nos contamos los sueños. La idea era hacer una caminata de más o menos 40 minutos antes del desayuno, pero comenzó a llover otra vez así que volvimos a la casa y poco después otro plato delicioso: huevos de campo con verduras, pan, frutas con avena y panela, torta de banano y café. El típico desayuno de quienes queman muchas calorías durante su jornada, como nosotros ya que ese día que fue de práctica. 

Primero, hacer abono. Nos dividimos las funciones en parejas y a mí me tocó ir por las tusas del maíz, otros fueron por los excrementos de los burros, los microorganismos, el afrecho de arroz, la tierra y la melaza, y a mezclar todo para luego dejarlo a la intemperie, cubierto por un plástico, y listo para que, luego de ser removido diariamente, en unos 15 días sea la tierra ideal para sembrar. Ahora no recuerdo muy bien, pero me parece que esto nos tomó la mañana y después vino el almuerzo: tortilla de quinua con una salsa demasiado buena, unos frijolitos que no había probado nunca, ensalada y otra vez postre con café. 

Después del descanso vino la bioconstrucción, donde lo que realmente hicimos fue “apoyar” un poquito el proyecto que ya está en marcha y es una construcción multi-propósito que se espera esté lista a fin de año. Su diseño es en forma de caracol, tiene una chimenea en el centro que se podrá disfrutar desde tres salones, habitaciones para huéspedes, sala de yoga/meditación/talleres, invernadero y otros detalles. Un 80% estará hecho de materiales naturales y la estructura, hecha con superadobe, están muy avanzada. Nosotros llenamos un par de costales y quedamos realmente agotados (y eso que no hicimos el trabajo duro de colocarlos alineados al resto a más de 1mt de altura).  

El grupo en la casa espiral

Finalmente volvimos al salón para cerrar el curso, respondiendo de manera grupal e individual a preguntas como qué aprendimos, cómo lo aplicamos, dudas, etc. Después, monitoreo y retroalimentación y un jueguito de despedida en el que todos terminamos sentados encima del profe. 

Abrazos de despedida, muchos agradecimientos y las ganas de volver a ese lugar y seguir aprendiendo de cómo este grupo de gente ha sacado adelante un proyecto tan sensato, ambicioso, soñador y necesario en nuestra época. De hecho, regreso pronto, y esta vez para resolver estas interrogantes y hacer una nota menos romántica y más periodística que compartiré próximamente. 

Por ahora, recuerdo siempre recuerdo las experiencias, palabras y enseñanzas que me dejaron los días y he tengo una idea mucho más clara de cómo hacer que las huellas de mi paso por este tiempo sean más consientes y divertidas. 


ALGUNOS CONSEJOS

- Si se antojaron, son bienvenidas/as. La Comuna recibe a cualquier persona interesada en aprender, enseñar y colaborar con este sueño. Incluso, quienes vivimos en la ciudad podemos hacer voluntariados los fines de semana. Más información con Helen en el perfil de Rhiannon

- ¡Anímense! 

- Miren el capítulo IV de Arjuna:



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